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miércoles, 24 de enero de 2018

CÓMO EMPECÉ A CORRER (Y 2)

En la meta de la carrera contra el cáncer,
mayo de 2017.
Sí, estoy segura que a alguno esto le sonará a dejá vù. A mí también, no os creáis. Pasaré a explicarme en breve.

Antes de nada, dejadme desearos un feliz año 2018, e incluso un feliz año 2017, ya que veo que hace la friolera de casi dos años que no paso por aquí. ¿El motivo? Básicamente, desgana. Y algunas otras cosas que paso a contaros.

Desde mi última entrada, allá por abril de 2016, mucha agua ha pasado por debajo del molino y probablemente muy poco asfalto por debajo de las suelas de mis zapatillas. Aunque nunca he dejado de correr, sí es verdad que he rebajado el ritmo considerablemente y que incluso he llegado a dejar pasar hasta dos meses sin un miserable entrenamiento. Aún así, en octubre de 2016 corrí mi última diez kilómetros, la décima. Y ahí me retiré de los diezmiles hasta hoy. Necesitaba hacerlo. Ya no he hecho más carreras desde entonces, exceptuando la del cáncer en mayo de este año. Sí me he dedicado a andar, ya que tengo un cacharro que mide los pasos y que me está recordando continuamente que soy una vaga de mierda si me descuido un pelo.

Allá por mayo del año pasado mis problemas de cervicales me obligaron a bajar el ritmo. A los dolores de costumbre empezó a añadirse lentamente un pinzamiento braquial en el brazo derecho que no hacía más que aumentar, hasta el punto de que llegué a necesitar ayuda para vestirme. Y así estuve seis meses. Es jodido covivir con dolor continuo, no solo te va minando físicamente, sino también de forma psicológica. Cuando ya actividades de mi rutina diaria se me hicieron imposibles, como conducir, y despertaba varias veces durante la noche por culpa del dolor, decidí gastarme los cuartos e ir a un fisioterapeuta privado, el cual me ha salvado la vida y el ánimo, porque tenía una tendinitis de hombro de libro, e iba camino de cronificarse.  Con una sesión semanal más los ejercicios que hago en casa ha conseguido convertirme casi en la de antes. Con la eliminación del dolor ha vuelto el buen humor y, consecuentemente, las ganas de entrenar de nuevo. Sin un objetivo fijo, solo correr, hacer ejercicio y sentirme bien.

La vuelta del humor morganiano acostumbrado me hizo acometer una gesta complicada hace unos días: me llena de orgullo y satisfacción anunciaros que he dejado de fumar. Y, con tal motivo, llevaré una especie de diario en este blog para ayudarme a mí misma y así de paso a otros que también estén en la lucha.

Resumiendo: ¿me echábais de menos? Pues dejad de hacerlo: HE VUELTO. Y espero que sea para una buena temporada.
Décima y última diez mil, allá por octubre de 2016. 



martes, 13 de noviembre de 2012

CUATRO MESES DOS PUNTO CERO. ¿RUNNER BLUES?

larazalaraza.com
¿Qué tal vaguetes? Por aquí ando yo dispuesta a chafardear mis no logros de este mes, a cuarenta y ocho días de mi amada San Silvestre y sólo con cincuenta kilómetros a mis espaldas en los últimos treinta días. ¿Son pocos? Sí. La mitad de los que tenía que haber hecho. Por cierto, me faltan 18,5 kilómetros para llegar, figuradamente, a Madrid. Este año he corrido casi 600.
No sé el motivo, pero me busco a mí misma y no me encuentro. Para empezar, he tenido que volver a poner a mis zapatillas las plantillas taloneras, porque la periostitis tibial amenazaba con regresar, y si en este caso primeras partes nunca fueron buenas, no les digo las segundas. Para seguir, me veo incapaz de correr más de seis kilómetros seguidos. No me apetece, no quiero, no me motiva, no me sulibeya. A la hora de levantarme del sofá para ir a correr unas manos invisibles tienen que salir de mis propias manos y empujarme el culo. Empiezo a pensar que sufro el runner blues o tristeza del corredor y que ello es fruto del sobreentrenamiento al que me sometí en verano. No, si ya lo decía yo: esos polvos siempre acaban trayendo estos lodos. Total, que me estoy obligando a correr. Unos días me va mejor que otros, pero no soy yo. No tengo aquella alegría exultante que me dominaba hace meses al llegar de una sesión. Vuelvo a tener las mil y una agujetas. Pero yo me obligo, porque afortunadamente tengo mucha fuerza de voluntad y porque no hay marcha atrás. No quiero perder forma, no quiero perder músculo. No quiero volver a ser una vaga con un sofá pegado a mi culo. Pero me cuesta lo mío, y eso que estos meses son los que más me gustan para correr, sin calor y sin agobios de gente en los paseos marítimos. Supongo que también se deberá a que he cambiado los rangos de esfuerzo, ahora entreno más rápido y me canso más, evidentemente. Pero no soy yo, y no me gusta convivir con una extraña en el cuerpo. Tengo miedo de que me entren ganas de dejarlo y espero que sea pasajero. En fin, veremos qué pasa el mes que viene.

lunes, 10 de septiembre de 2012

DOS MESES DOS PUNTO CERO: AGOSTO PERRACO

Foto y zapatillas propiedad de Fata Morgana

Perraco agosto... ya lo sabía yo, ya. Menuda improductividad la mía. El mes pasado lanzando soflamas sobre la constancia para acabar cayendo en brazos de la inercia. Juzguen ustedes mismos: en julio corrí casi 90 kilómetros. En agosto, sólo 22 y medio.

En honor a la verdad, uno de los culpables es el tan rimbombante número que acabo de citar junto al mes de julio. En otras palabras: hiperentrenamiento. Hiperentrenamiento por exceso de kilometraje, por exceso de días de salida, por exceso de entrenamiento cruzado. Un maldito exceso, vaya. ¿Que por qué entrené tanto? Porque tenía demasiado tiempo libre y no sabía qué hacer con él. Porque estaba agobiada con problemas personales y correr era la única manera de desfogar. Porque no respeté mi pauta de entrenamiento, tocaban ocho kilómetros corriendo despacio y yo iba a bajar mi propia y penosa marca, cosa que hice varias veces, por cierto. A finales de julio el cansancio y, sobre todo, el terrible dolor de piernas, me obligaron a bajar el ritmo en número de kilómetros y de salidas. Una cura de humildad, qué duda cabe... Unos cuantos excesos veraniegos y un viaje a París que resultó más agotador que cualquier maratón siguieron sirviendo de excusa para perrear, talcualito lo cuento en mi serie sobre cómo sacar el culo del sofá, vaya. Y llega septiembre, y sigo perreando hasta el miércoles, cuando mis obligaciones de madre puedan ser compartidas por el colegio y por fin tenga algo de tiempo para mí. Más me vale, el 7 de Octubre tengo una carrera de diez kilómetros y créanme, si el miércoles consigo correr cinco sin morirme haré una fiesta (nooo, fiesta noooo).

Afortunadamente, me he dedicado bastante a la bici. Cierto que no aporta tantos beneficios aeróbicos como la carrera, pero para este inpass me ha venido estupendamente para no perder el contacto con el deporte y para fortalecer mis maltrechas rodillas.

Las zapatillas de la foto son las que me autorregalé hace un año. Parece ser que ha llegado el momento de cambiarlas, los talones están destrozados y despelujados. Las punteras tienen agujeros. Parece ser que sí es verdad que he hecho unos 800 kilómetros con ellas. Es mi recuerdo de tiempos mejores hasta que vuelva a ponerme las pilas, dentro de 48 horas. Tengo muchas ganas.

Este mes casi no he corrido, pero he aprendido una lección importante: el que mucho abarca poco aprieta. Y es bueno hacer un parón de vez en cuando, aunque sólo sea para echarlo de menos. Hasta la próxima, vagorruners.



lunes, 21 de mayo de 2012

TERCER PASO PARA SACAR EL CULO DEL SOFÁ: EL PLAN

http://es.123rf.com/

Les juro que ni por lo más sagrado pensé que jamás me sucedería algo así: me han pedido mi plan de entrenamiento. ¡Mi plan de entrenamiento! Mi amiga Sara, en concreto, ha sido la artífice de tal petición. Y bueno, yo lo comparto gustosamente aunque no creo que sea ninguna maravilla. De hecho, no es más que un refrito de varios que encontré por la red en su día. Lo personalicé para mí y antes de empezar me fijé el objetivo de correr media hora seguida en seis meses. Es muy fácil de seguir, la única regla que hay que mantener a rajatabla es salir a correr tres días a la semana. Y es fácil porque con él es imposible cansarse o tener agujetas hasta el tercer mes, más o menos. Y si no hay sufrimiento, más difícil será tirar la toalla, digo yo.
Como habrán comprendido, este plan supone el TERCER Y DEFINITIVO PASO PARA SACAR EL CULO DEL SOFÁ.


CONSIDERACIONES  PREVIAS:

1.    Yo no soy una experta en deporte, ni en entrenamientos, ni nada por el estilo. Expongo este plan, que es el que yo he seguido, hecho por mí, porque he considerado que me iba bien. Eso no quiere decir que funcione con otras personas.
2.    Sobre la cuestión de si hay que ir al médico antes de empezar, todo el mundo aconseja que sí, sobre todo en personas de cierta edad que nunca hicieron deporte.  Yo tengo alergia a los médicos, no quise hacerme la prueba de esfuerzo ni ninguna otra. Que yo sea una descerebrada no quiere decir que tú tengas que serlo.
3.    Hay que eliminar los conceptos de tiempo y distancia, sobre todo de distancia. Eso sí, aunque los primeros días no corramos más de dos minutos y medio, la sesión completa siempre será mínimo de media hora. Hay que quedarse con la impresión de haber podido correr más.
4.    Sobre el tema de controlar el ritmo cardíaco en general y del uso del pulsómetro en particular, creo que al principio sí debe de usarse. Sobre todo porque solemos empezar corriendo más rápido de lo que deberíamos. De hecho, creo que no se debería empezar a correr sin mirarse las zonas de entrenamiento cardíaco, ya sea por la fórmula normal o la de Karvonen. Pero insisto, yo sólo soy usuaria del running, no experta. Por cierto, cuando digo "correr" quiero decir "trotar", y hacerlo a un ritmo cómodo que permita hablar, aproximadamente al 60 o 70% de la frecuencia cardíaca máxima.
5.    Hay que dejar un día por el medio entre entrenamientos. OBLIGATORIAMENTE.
6.    El plan es elástico y adaptable a cualquier condición física. Solo tienes que empezarlo en el punto en el que tú creas que lo necesitas. Yo parto desde mi principio, puesto que mi forma física hace un año era penosa. Si ves que se te queda cojo, pasa a la fase siguiente. Si ves que se te hace cuesta arriba, prolonga la fase en la que estás dos o tres días más antes de pasar a la siguiente. Corre cuando puedas: mañana, tarde o noche. Nada de rigideces, que si empezamos así a los dos días lo dejas.

VAYAMOS AL PLAN:

PRIMER MES. Objetivo: correr y andar hasta aguantar unos 10 minutos corriendo en series de un minuto.
PRIMERA SEMANA:
DÍA 1: Andar 10 minutos. Correr 30 segundos-andar 1 minuto, cinco veces. Andar 10 minutos o hasta completar la media hora de ejercicio. (2,5 minutos corriendo)
DÍA 2: Andar 10 minutos. Correr 30 segundos-andar 1minuto, seis veces. Andar 10 minutos o hasta completar la media hora de ejercicio. (3 minutos corriendo)
DÍA 3: Andar 10 minutos. Correr 30 segundos-andar 1 minuto, siete veces. Andar 10 minutos o hasta completar la media hora de ejercicio. (3,5 minutos corriendo)

SEGUNDA SEMANA:
DÍA 1. Andar 10 minutos. Correr 30 segundos-andar 1 minuto ocho veces. Andar 10 minutos o completar la media hora de ejercicio. (4 minutos corriendo)
DÍA 2: andar 10 minutos. Correr 30 segundos-andar 1 minuto nueve veces. Andar 10 minutos. (4,5 minutos corriendo)
DÍA 3: Andar 10 minutos. Correr 30 segundos-andar 1 minuto 10 veces. Andar 10 minutos.(5 minutos corriendo)

TERCERA SEMANA:
DÍA 1: Andar 10 minutos. Correr 30 segundos-andar 1 minuto 5 veces; Correr 1 minuto-andar 2 minutos 5 veces. (intercalar las series de 30 con las de 1 m). Andar 10 minutos. (7,5 minutos corriendo)
DÍA 2: Andar 10 minutos. Correr 30 segundos-andar 1 minuto 6 veces; Correr 1 minuto-andar 2 minutos 5 veces. (Intercalar). Andar 10 minutos. (8 minutos corriendo)
DÍA 3: Andar 10 minutos. correr 30 segundos-andar 1 minuto 6 veces. Correr 1 minuto-andar 2 minutos 6 veces (intercalar). Andar 10 minutos. (9 minutos corriendo)

CUARTA SEMANA:
DÍA 1: Andar 10 minutos. Correr 1 minuto-andar 2 minutos 7 veces. Andar 10 minutos (7 minutos corriendo)
DÍA 2: Andar 10 minutos. Correr 1 minuto-andar 2 minutos 8 veces. Andar 10 minutos. (8 minutos corriendo)
DÍA 3: Andar 10 minutos. Correr 1 minuto-andar 2 minutos 10 veces. Andar 10 minutos. (10 minutos corriendo)

SEGUNDO MES. Objetivo: correr-andar hasta aguantar unos 20 minutos en series de dos, tres, o cuatro minutos. Siempre se empezará y acabará andando 10 minutos.

PRIMERA SEMANA:
DÍA 1: Correr 1 minuto-andar 2 minutos 8 veces. Correr 2 minutos-andar 3 minutos 2 veces. (total: 12 minutos)
DÍA 2: Correr 1 minuto-andar 2 minutos 7 veces. Correr 2 minutos-andar 3 minutos 3 veces. (total: 13 minutos)
DÍA 3: Correr 1 minuto-andar 2 minutos 6 veces. Correr 2 minutos-andar 3 minutos 4 veces. (total: 14 minutos)

SEGUNDA SEMANA:
DÍA 1: Correr 1 minuto-andar 2 minutos 5 veces. Correr 2 minutos-andar 3 minutos 5 veces. (total: 15 minutos)
DÍA 2: correr 2 minutos-andar 3 minutos 7 veces (total: 14 minutos)
DÍA 3: correr 2 minutos-andar 3 minutos 8 veces (total: 16 minutos)

TERCERA  SEMANA:
DÍA 1: correr 2 minutos-andar 3 minutos 9 veces (Total: 18 minutos)
DÍA 2: Correr 2 minutos-andar 3 minutos 10 veces. (Total, 20 minutos)
DÍA 3: correr 2 minutos-andar 3 minutos 5 veces+correr 3 minutos-andar 3 minutos 3 veces (intercalar las series de 2 con las de 3 minutos). Total: 19 minutos.

CUARTA SEMANA:
DÍA 1: correr 2 minutos-andar 3 minutos 4 veces+correr 3 minutos-andar 3 minutos 4 veces (intercalar). Total: 20 minutos.
DÍA 2: correr 3 minutos-andar 3 minutos 6 veces (total: 18 minutos)
DÍA 3: correr 3 minutos-andar 3 minutos 7 veces (total: 21 minutos)


TERCER MES. Objetivo: correr unos 30 minutos en series de 5, 7 y 10 minutos. Seguimos andando 10 minutos al principio y al final.

PRIMERA SEMANA:
DÍA 1: Correr 5 minutos-andar 3 minutos 4 veces. (20 minutos)
DÍA 2: Correr 5 minutos-andar 3 minutos 5 veces (25 minutos)
DÍA 3: Correr 5 minutos-andar 3 minutos 6 veces (30 minutos)

SEGUNDA SEMANA:
DÍA 1: Correr 5 minutos-andar 3 minutos 3 veces. Correr 7 minutos 1 vez. (22 minutos)
DÍA 2: Correr 5 minutos-andar 3 minutos 2 vces. Correr 7 minutos-andar 3 minutos 2 veces.(24 minutos)
DÍA 3: Correr 7 minutos 3 veces (andar 3 minutos entre series). Total: 21 minutos.

TERCERA SEMANA:
DÍA 1: correr 5 minutos-andar 3 minutos 2 veces. Correr 10 minutos. (20 minutos)
DÍA 2: correr 5 minutos-andar 3 minutos 2 veces. Correr 10 minutos (20 minutos)
DÍA 3: Correr 7 minutos-andar 3 minutos 2 veces. Correr 10 minutos (24 minutos)

CUARTA SEMANA:
DÍA 1: correr 10 minutos-andar 3 minutos- correr 5 minutos y andar 3 minutos 2 veces-correr 10 minutos (30 minutos)
DÍA 2: correr 10 minutos-andar 3 minutos- correr 5 minutos y andar 3 minutos 2 veces-correr 10 minutos (30 minutos)
DÍA 3: Correr 10 minutos 3 veces. Dejar unos 3-4m entre las series. Total: 30 minutos.


CUARTO MES. Objetivo: correr 40 minutos.

PRIMERA SEMANA:
DÍA 1: correr 10 minutos 3 veces
DÍA 2: correr 10 minutos 3 veces
DÍA 3: correr 15 minutos-andar 3 minutos-correr 10 minutos-andar 3 minutos-correr 5 minutos.

SEGUNDA SEMANA:
DÍA 1: Correr 15 minutos 2 veces
DÍA 2: correr 15 minutos 2 veces-andar 5 minutos- correr 5 minutos.
DÍA 3: correr 10 minutos 3 veces-andar 5 minutos-correr 10 minutos.

TERCERA SEMANA:
DÍA 1: Correr 10 minutos-andar-correr 20 minutos-andar-correr 10 minutos.
DÍA 2: Correr 15 minutos 2 veces. Correr 10 minutos.
DÍA 3: Correr 10 minutos 4 veces.

CUARTA SEMANA:
DÍA 1: Correr 20 minutos 2 veces.
DÍA 2: Correr 15 minutos 2 veces. Correr 10 minutos.
DÍA 3: Correr 10 minutos 4 veces.

QUINTO MES. Objetivo: correr media hora seguida. 
Empezar corriendo 20 minutos seguidos y subir cada día 5 minutos hasta lograr la media hora. A partir de entonces es mejor empezar a medir la distancia que se corre y aumentar entre 500 m y un kilómetro al mes. Y, por supuesto, ha llegado el momento de redefinir objetivos, ya sea en tiempo o en distancia, pero se acabó andar. A partir de ahora, por lo menos dos días a la semana hay que correr toda la distancia elegida de un tirón. ¡Suerte!








miércoles, 25 de abril de 2012

CRÁPULA vs. RUNNER

FOTO: www.enelmonte.com
Créanme que me ha costado encontrar la imagen que acompaña a esta entrada, pero al final lo conseguí. Tecleé "corredor borracho" y me salieron un montón de imágenes de los Sanfermines y de Amy Winehouse (¿?). Entonces recordé que mi amiga Paloma me había hablado sobre la maratón de Burdeos, famosa al parecer por dar queso y vino en el avituallamiento en vez de los aburridos Aquarius y geles. En cuanto le di a "buscar", me salió esta graciosa imagen que resume perfectamente el contenido de esta entrada.
Conversación entre mi marido y yo, un viernes por la noche cualquiera:
-¿Qué tal te ha ido hoy?
-Bien, corrí diez kilómetros sin dificultad. Me duelen las piernas, pero bueno... ¿y tú?
-También bien, veinte kilómetros en hora y media. Me molestan un poco los abductores. Voy a pedir otro vino ¿Tú quieres?
-Por supuesto. Te espero fuera que voy a fumar. Lío uno para ti, ¿verdad?
¡Menuda contradicción! Dos sesudos adultos hablando de sus respectivos entrenamientos mientras fuman y beben. Lo que me lleva a preguntarme: ¿Se puede ser camándula y runner al mismo tiempo? Los entendidos en el tema dirán, por supuesto, que no. Pero resulta que yo conozco a una buena porción de corredores a los que sólo veo en las carreras y copeando de noche, con premeditación y alevosía, así que no soy la única que lo hace, y ya se sabe, mal de muchos, consuelo de tontos.

Lo que más gracia me hace es que si un señor de 50 años bebedor/fumador se pega una pachanguita de fútbol con los colegas el domingo por la mañana nadie se inmuta, pero en cuanto dices que corres varios días a la semana, todo dios se echa las manos a la cabeza, se rasga las vestiduras, te condena a muerte sin juicio previo y cuando quieres acordar, estás en el paredón esperando a recibir el tiro de gracia. Y no es por nada, pero me parece que llevando un entrenamiento suave y continuo tienes menos boletos para caer fulminado que jugando una hora a la semana. Todo depende de lo que uno quiera y la visión que tenga de correr. Yo no vivo de eso, sino que es una actividad más de las muchas que configuran mi sistema de vida, así que no permito que interfiera más de lo necesario. A partir de cierta edad algo hay que hacer para mantenerse en forma, se fume o no, se beba o no, se salga o no. Otra cosa es entrenar en serio o dedicarse profesionalmente al tema. Al de correr, no al de crapulear.

Pero claro, uno empieza a hacer esa actividad tan sana y gratificante y un día se le ocurre apuntarse a una carrera. Y hace muy mal tiempo, claro. Y su mal tiempo lo achaca a su mala vida, claro. Y entonces se replantea todo, claro. Y, por supuesto, se culpabiliza. Y empieza a fumar menos y a beber menos. Y después, a cuidar un poco más lo que come. Y a la que te despistes, ¡zas! vas camino de convertirte en un vigoréxico que ya no hace planes para los fines de semana, porque cada uno de ellos tiene una prueba en nosedónde, lo cual me parece muy bien, pero no es lo que quiero para mí. No es lo que quiero para mí, pero resulta que tengo tasado el tabaco y el alcohol, y prohibición absoluta sobre ciertas comidas, como la fritanga, la comida basura, los alimentos precocinados y los postres con harina. ¿Que quién me lo ha prohibido? Yo misma. ¿Que por qué? Porque si no taso el tabaco y el alcohol no mejoro, y porque si acabo de quemar 500 calorías me da pena reponerlas en cinco minutos devorando un trozo de tarta. Ya me veo cualquier día de éstos tirándome a las mancuernas como una loca. Jamás había salido menos en mi vida que estas navidades y esta semana santa. ¡Y tan ricamente, oiga! En mi última carrera me invitaron a un cumpleaños la noche anterior... ¡Y dije que no! ¿Qué me está pasando?  ¿Qué clase de alien me ha abducido? ¿Alguien tiene una buena receta de galletas de avena? ¡¡¡Socorrooooo!!!



martes, 27 de marzo de 2012

ANGUSTIAS, AGONÍAS, MIEDOS RACIONALES E IRRACIONALES

http://luchorunner.blogspot.com.es
            Cuando uno se enfrenta a un gran acontecimiento no puede evitar pensar en las cosas, pequeñas o grandes, que puedan interferir negativamente y amargarte el día. El grado de agobio será directamente proporcional a la personalidad optimista o ceniza del individuo. Recuerdo cuando preparaba oposiciones: el último mes me lo tiraba completo sin comer nada que pudiera hacer que cogiera una salmonella. Es difícil, lo sé, pero imagínense no poder ir al examen o ir con cuarenta de fiebre y cagándote por las esquinas por no haber sido capaz de resistirte a un platito de ensaladilla. En fin, que son pajas mentales, pero como yo tiendo al onanismo psicológico, se me han ocurrido unas cuantas cosas desagradables que me pueden pasar el día de la carrera. Bueno, a mí no, a mi cuerpo.A esa fenómena máquina (es broma) que llevo entrenando desde hace muchos meses. Que sería muy chungo que ciertas chorraditas me fastidiaran el día de la carrera, vaya... y no crean que exagero. Todos los manuales y páginas web sobre el tema insisten en algo aparentemente tan tonto como no estrenar ni una sola prenda de ropa ese día, ni siquiera un miserable par de calcetines. Hay que llevar todo previamente probado y testado. Una arruga en un calcetín puede arruinarte la carrera. Una rozadura con la costura de la camiseta, lo mismo. Bien, eso puede controlarse ¿pero quién controla la infinidad de virus, bacterias y posibilidades de golpes tontos que nos están esperando ahí fuera? Sobre todo a mí, que soy la torpeza personificada.
            Como la comunidad internetera es tan familiar y acogedora, siento la necesidad de compartir mis miedos con todos ustedes. Como todos son relativos a problemas físicos, he diseccionado las partes del cuerpo humano como un cerdito en la matanza, empezando desde arriba, según el canon clásico.

1. MIGRAÑA. Pues sí, producto de los nervios. Correr con dolor de cabeza tiene que ser de lo peor que hay en el mundo. Dependiendo del día del ciclo que toque, las posibilidades aumentan. Afortunadamente, hay medicación para eso. Aunque la migraña suele aparecer tras el acontecimiento, cuando ya uno se relaja. Doy por sentado que ese día a nadie en sus cabales se le ocurriría correr con resaca... ¿o sí?
2. DOLOR DE MUELAS. Eso sí sería difícil porque tengo mi dentadura al día. Si a alguien le sucede, lo acompaño en el sentimiento. Cada impacto del pie contra el suelo rebotará en la raíz de la muela causando un dolor insufrible.
3. RESFRIADO/GRIPE/ANGINAS. La gripe aparta totalmente de la carrera. Lo que le faltaba a un cuerpo cuyos huesos parecen estar bailando hip hop sin permiso de su dueño, vaya. Para el resfriado, nebulizador a saco, paquete de clines y paciencia. Para las anginas, aspirina o similar y una braga polar. Hay gente que corre con fiebre. Yo no porque a partir de 37º veo enanos de colores.
4. CONTRACTURA DE CERVICALES. Hace más de cinco años que no cojo una baja por tal motivo, así que espero que no se presente ese día. Si lo hace, crema efecto calor o parche térmico y tira millas, o no ir.
5. ACIDEZ DE ESTÓMAGO. Habría que evitar ponerse gocho la noche anterior y esa mañana. Yo ya tengo testeado mi desayuno para ir a correr: un actimel, una o dos barras de muesli y un vaso de agua. Sólo uno. Mearse en carrera es otro horror también.
6. CONTRACTURA DE LUMBARES. Si te hace arrastrar la pierna mejor quédate en casa. Si no, parche de calor al canto y muchos estiramientos antes. Y una buena sesión de manta eléctrica el día anterior. Deberían darle el nobel al que la inventó.
7. GASTROENTERITIS. Buuuuuuf. Esta carrera no es para ti, mi amigo.
8. OVULACIÓN/SÍNDROME PREMENSTRUAL/MENSTRUACIÓN. Querida amiga, lo siento por ti si sufres las tres cosas. Eso quiere decir que sólo siete días al mes estás libre de molestias. Dicen que correr alivia en gran medida esa puta conjuración judeomasónica que estrógenos y progesterona han ideado contra nosotras, no lo sé porque no suelo tener muchas molestias de ese tipo, afortunadamente. Está claro que ir de carrera con un reglazo como un mundo tiene que ser incomodísimo. Ya bastante jodido es ir cargando con unas tetas que parecen botijos, fruto del puto síndrome premenstrual. Y da igual que sean enanas como aceitunas, a su portadora le parecerán botijos. No puedo hacer un correlato testicular para los hombres: no tengo datos.
9. HEMORROIDES. Sí, hemorroides. Eso que muchos sufren en silencio. Aparecen en el momento menos oportuno. Correr con tan poco apetecible acompañante rozándose a cada movimiento con las paredes de tus nalgas no suena muy atractivo. La parte buena es que suelen avisar de su inminente visita unos días antes, lo que te permite contraatacar con toda una batería de productos de uso tópico antes de que la cosa vaya a peor.
10. RODILLAS DOLORIDAS. Coño, la semana de la carrera hay que descansar. ¿No lo sabías? Afortunadamente en el mercado existen un sinfín de modelos de rodillera para todo tipo de lesiones.
11. CHUMINADAS MÚLTIPLES EN LOS PIES. Evidentemente, no se puede ir a una carrera con las uñas de los pinreles como las de un gavilán. Pero tampoco es bueno hacerse la pedicura el día anterior, no te vayas a pasar y dejes las uñas tan a ras de carne que sea una tortura el roce con el calcetín. Mejor arreglarse los pies la semana anterior. Yo las durezas ni me las toco, que igual empeoro el asunto, aunque bien pensado, no tengo durezas. Será que entreno poco.

            ¿Me toman por exagerada? Pues me he dejado un montón de cosas en el tintero, como que la noche anterior te pique un mosquito y vayas toda la carrera rascándote como un desesperado, o que dejes las gafas de sol y te toque un diaza de la hostia, o que te dé un ataque de nervios antes de salir y lo manifiestes en forma de diarrea, o que te dé el apretón en plena carrera, o que...
            Mejor me callo.

miércoles, 14 de marzo de 2012

PIENSO, LUEGO CORRO

imagen por cortesía de blogs.adidasla.com
El otro día aconsejaba yo a mi amigo Jorge, que, al igual que mi marido, prepara su primera maratón, el libro "42 reflexiones y 195 metros". Va sobre lo que piensa un tío mientras corre la maratón. Precisamente el otro día hablábamos de los pensamientos chungos que te atacan por todas partes cuando corres y la falta de glucosa empieza a hacer de las suyas en tu runnercerebro. Mi marido, que ya tiene varias medias maratones a sus espaldas, siempre dice que a partir del kilómetro diez el tema de la pijotera empieza a ser bastante más jodido que el de las patas. Y digo yo... si ya empiezo a tener pajas mentales desde el kilómetro uno, qué será cuando lleve doce...
Es por ello que hoy presento un recopilatorio de las muchas estupideces que se le pueden ocurrir a uno mientras corre. A mí misma, sin ir más lejos. Cualquier día en un entrenamiento cualquiera, ni siquiera teniendo encima la presión de ir en carrera.
Kilómetro 1. Joder, cómo me duelen las rodillas. A ver si pasa pronto este kilómetro. ¿Pero cómo es posible que vaya ya a 145 pulsaciones si acabo de empezar? No tenía que haber fumado después de desayunar. ¡Qué frío! ¿tendría que haberme puesto la camiseta de manga larga?
Kilómetro 2. Joder, cómo me duelen las rodillas. ¿Pero qué cojones pasa con las fases lunares? Siempre me toca entrenar en marea baja, coño. Qué asco, qué olor a huevos podridos. Voy a echar la potaaaa. Y dice el alcalde que la ría está limpia. Lo metía yo un par de horas para que cogiera el tifus. Mierda, ahí empieza el corredor de la muerte (zona en obras que obliga a correr pegado a los coches respirando su pestilente humo y por donde no caben dos personas). Espero que no haya muchos coches. Oh, no, ahí vienen dos viejas... ¿por qué tengo que dejarlas pasar? ¿Por qué no van por la acera, coño?
Kilómetro 3. Joder, cómo me duelen las rodillas. ¿Llevo las llaves de casa? Me estoy asando. ¿Cuándo aprenderé a salir con menos de dos mangas? Mierda, me están cayendo los mocos... Larga de ahí, perro, como me muerdas te daré una patada en los hocicos... Por cierto ¿qué habrá sido del tío triste con el perro triste? ¿Estará malito? Hace lo menos tres meses que no lo veo. La verdad es que el que dijo que perro y dueño acaban pareciéndose tenía razón.
Kilómetro 4. Nota mental: tirar estas bragas en cuanto llegue a casa. Se me meten por el culo. Tercer puente: eso es lo malo de las ciudades con río. Eh, capullo, déjame pasar, es un paso cebra. Vaya, ahí va la cursi que anda. ¿Pero cuántos kilómetros hará al día esa mujer? De todos modos, no le presta mucho, yo le veo el mismo culo que hace seis meses. Pensándolo bien, yo también tengo el mismo culo que hace seis meses... bueno, un poco más arriba, quizá.
Kilómetro 5. Venga, que ya queda sólo la mitad. ¿Qué le pasa al maldito mp3? ¿Dónde están los temas de AC/DC? Ah, jajaa, ya empiezan a aparecer los machacas del centro de tecnificación. Bah, corren por obligación. Esto tiene que ser un hobby, algo placentero. ¿Si es placentero por qué coño estoy sufriendooo? Qué bien van los marchadores. ¿Será muy difícil hacer marcha? Mierda, me adelantan todoooos. 158 ppm. Afloja, tía, afloja, eso no te conviene nada. Eso es, clava en 150. Cuando acabe la cuesta y des la vuelta será tu momento de gloria. ¡A volaaaar!
Kilómetro 6. Nota mental urgente: sacar de la lista de reproducción los temas de Steel Dragon y cargar los de Black Sabbath. ¿Y qué desayuno? Qué hambreeee. 270 calorías gastadas. ¿Sólo? Eh, capullo, déjame pasar. Es un paso cebra. Tengo que hacerme la lista de reproducción para la carrera. ¿Dejarán llevar ipod? A mí me resulta mucho más estimulante correr con música, sobre todo si voy a ir de última y me va a dar una vergüenza de la hostia.
Kilómetro 7. A un tercio del triunfo. Una maldita hora corriendo. Eres grande, Morgana. Y si fueras al doble de velocidad lo serías todavía más. Mañana vas a tener tantas agujetas que van a tener que contratar una grúa para levantarte de la cama, ya verás. Por lo menos ya no me duelen las rodillas. ¿No me duelen porque no me duelen o no me duelen porque me duele todo lo demás y ya no noto las rodillas? Mierda, se me mete el sudor en los ojos...
Kilómetro 8. ¿Por qué me mira todo el mundo? ¿Tanta cara de sufrimiento llevo? Pues no es para tanto, ya me da todo igual. A lo mejor podía seguir así hasta la Conchinchina. ¿Dónde estará la Conchinchina, por cierto? ¿Existirá de verdad, como Las Batuecas? Ooootra vez el corredor de la muerte. Bueno, peor será cuando el puente nuevo esté hecho, habrá que ir al quinto coño para cruzar. ¿Cuánto faltará para que lo terminen? ¿Qué mira, señor? Las mujeres también escupimos. Dé gracias a que no lo hago en sus pies... ni en los míos. No me lo puedo creer, debo de estar flipando por la falta de glucosa. Uno de los pescadores pringaos ha pescado un mújel. Es la primera vez en catorce años que veo que aquí se pesque algo que no sea un tifus. ¡Y qué grande es, qué ascazo!
Kilómetro 9. ¿Ya son las once y cuarto? Realmente no tengo por qué correr más, puedo dejarlo ya. Si lo dejo ahora me dará tiempo a estirar. Estirar es muy importante, tanto como correr, sí, debería dejarlo. Aunque bien pensado... sólo queda un kilómetro. ¿Te vas a rajar ahora por un puto kilómetro? ¿Qué miráis, pringadas? ¿Envidia? Yo corro, vosotras andáis, y aún encima, lento. Me tienen que faltar menos de quinientos metros, quinientos metros, quinientos metrooooos. Va a haber que estirar a toda leche. Sorry.
Kilómetro 10. ¡Lo conseguí! ¡Lo conseguí y no me he muerto! Adiós, puto pulsómetro. Quiero estirar, desayunar, ducharme y fumar, pero no sé en qué orden...

Y eso que el footing relaja. ¿Se imaginan esto durante 42 kilómetros y 195 metros?




lunes, 27 de febrero de 2012

¡AHORA SÍ!: BENEFICIOS DEL RUNNING

Imagen cortesía de www.vitonica.com
Los chalados que nos dedicamos a correr no lo hacemos porque sí. Suele haber un motivo concreto para empezar: sacarse las arrobas de encima, bajar el colesterol, despejar la mente... pero llega un momento en que hay un enganche físico y psicológico al asunto, a la vez que empiezan a verse unos beneficios concretos. Hay muchas páginas de internet que prometen el oro y el moro, estoy pensando en una en concreto que poco menos que garantizaba que corriendo acabarías siendo un clon de Angelina Jolie o cualquier otra cachonda que se te venga a la cabeza. Pues tampoco es así. Yo sólo puedo hablar de la feria según me va en ella, así que contaré qué he visto yo de positivo en el asunto. Algo habrá sido, porque si no no seguiría dándole a la zapatilla ¿no?
Bien, lo primero que se nota, quizá unos pocos días después de empezar a correr es un bienestar tremendo. Lo notarán sobre todo los fumadores, supongo, y es un aumento de la capacidad respiratoria, ese poder llegar "hasta el final". Los no fumadores pueden llegar hasta el final cuando quieran, que para eso no fuman. El placer de notarlo después de muchos años está restringido a los que le damos al vicio. Por cierto, correr no quita las ganas. De fumar, digo.
Lo segundo para mí fue un descenso evidente del nerviosismo. Teniendo en cuenta que tenía la perpetua sensación de tener un elefante sentado en mi plexo solar (un nudo de angustia, supongo) y que ésta desaparecía por lo menos durante el rato que iba a trotar, pues estaba deseando que llegara el momento. Dejé de notar esa desagradable sensación por completo más o menos a los tres meses. Y no sólo eso, ahora soy mucho más reflexiva para todo, me pienso todod os veces y procuro no agobiarme por las cosas, pues me he dado cuenta de que todo acaba teniendo solución. Al correr libero toda la maldita adrenalina que me envenena el cerebro.
¿Se duerme mejor? Bueno, yo no soy de mal dormir. Los días que llego muy cascada del trote no suelo dormir bien y sueño que corro y no llego a ningún sitio y cosas de lo más extrañas. Pero ya no me suelo levantar cansada, lo que me lleva a:
Adiós al cansancio, eso sí. Aunque aún me toca pasar la prueba de fuego de la puta astenia primaveral (y a estas alturas ya debería tener síntomas) he de decir que en otoño ni me enteré del cambio de estación por primera vez en muchos años. En general, sobrellevo mucho mejor la jornada que antes. Tampoco tengo esas pájaras que me daban después de comer, que me quedaba dormida en el sofá con el mando a distancia en la mano y la baba colgando.
Bueno, todos estos son beneficios que, como he dicho, empecé a notar muy pronto. Pero hete aquí que un día empecé a darme cuenta de que se me marcaban los abdominales de la cintura, cosa que me hizo mucha ilusión, como comprenderán. La barriga fue el primer sitio donde noté cambios musculares. Para bien, se entiende. Lo siguiente fue notarlo en el culo, y después en la parte trasera del muslo. Como contrapartida diré que si el running tiene efectos positivos sobre la celulitis yo no lo he notado, o, por lo menos, no lo he notado demasiado. Si tu culo tiene más cráteres que la luna, pues lo siento mucho pero lo más probable es que los siga teniendo.
Siguiendo con la frivolité de lo físico: el tan cacareado bajón de peso en mi caso brilla por su ausencia, aunque quizá sea porque no necesito bajar nada. Eso sí es una vendida de moto: correr no adelgaza, o, por lo menos, no lo hace si no se acompaña de una dieta. Y para quemar grasa hay que correr un montonazo de tiempo, cosa que he empezado a hacer ahora (hoy, una hora y diez minutos). Así que ya os contaré dentro de unos meses. La parte buena es que tampoco se engorda si se sigue comiendo lo de siempre, y que los excesos se purgan antes. Dicen que los efectos en el peso se notan a muy largo plazo, como un año o así. Lo que es cierto es que después de una hora corriendo y tras haber quemado quinientas calorías no te apetece joderlo todo engullendo como el ogro del cuento. Resultado: tus hábitos alimenticios mejoran. Yo ahora soy adicta al muesli, comida de hámster, quién me lo iba a decir.
Verdad como una casa: los beneficios sobre la piel. Y eso no lo digo yo, lo dicen los demás que hacía tiempo que no me veían. Me notan un cutis estupendo. Hombre, tanto oxígeno tenía que servir para algo.  No es que se planchen las arrugas, pero sí que se tiene la piel más tersa y sin granos, pues te limpias de toxinas.
En cuanto al descenso en número de catarros y demás, no he notado gran cosa, aunque tampoco soy muy propensa. Este invierno llevo dos, lo normal. Lo que sí hace el running, como cualquier otro ejercicio, es obligarte a soltar una cantidad monstruosa de mucosidad, lo que despeja la nariz bastante y es de lo más asqueroso. También puedes hacerte campeón mundial de lanzamiento de gargajo, yo ya soy una alumna aventajada, ya no recuerdo cómo los primeros días me escupía los pies.
Quizá el mejor efecto para mí, siempre que no me propase con las pulsaciones, como dije en la entrada anterior, ha sido la desaparición casi completa de mis asquerosas migrañas. La parte mala es que cuando tengo una mi umbral de tolerancia al dolor ha bajado considerablemente, porque a lo bueno se acostumbra uno enseguida. Para las del sonsonete de: "cariño, esta noche no, que me duele la cabeza", la maldita jaqueca será ya sólo un recuerdo. Mejor que vayan inventándose otra excusa. Y otro efecto que he notado: ir a correr la noche anterior a una juerga disminuye considerablemente los efectos negativos de la misma: adiós resacas. Como contrapartida, la carga brutal de oxígeno que tiene tu cuerpo te hace tolerar muchísimo mejor la ingesta de alcohol, así que la cosa puede llegar a ser lo comido por lo servido.
Y un último beneficio: como decimos en mi tierra: xente con xente. Correr te da ganas de empezar a hacer otras cosas los días que no corres, como caminar a paso rápido, o sacar la bici del trastero, o ir un rato a la piscina. ¡Incluso largarte a un parque geriátrico a probar las máquinas para los abueletes! Que me lo digan a mí...