jueves, 18 de julio de 2013

DOS AÑOS DE RUNNER: ¿EMPIEZA LA ERA 3.0?

Increíble pero cierto. Este mes he cumplido veinticuatro meses corriendo, cosa que no me habría creído jamás ni en mis mejores sueños. Esto de poner un pie detrás de otro a cierta (y ridícula) velocidad me ha traído inmejorables beneficios, de los buenos, no de los que se llevaba el señor Bárcenas: cuerpo ligeramente musculado, mejor salud, buena respiración, un romance eterno con la disciplina y un puñado de buenos amigos. ¿Qué más se puede pedir? Seguir así y no tener lesiones. Tras este momentazo así como de secta, paso a resumir mis últimos y algo penosos doce meses. La historia de cómo empecé a correr y tumba y dale no la vuelvo a contar. La tenéis en la entrada del aniversario del año pasado. 
 ENTRENAMIENTOS: Mal. No estoy contenta. He hecho muchísimo el perraco. Desde el 12 de julio del 2012 hasta hoy he corrido unos 512 kilómetros. Una mierda para lo que estaba haciendo el año pasado. Me amparé en el mal tiempo que hizo todo el invierno y falté muchos días, incluso he llegado a tener parones de quince días, los que seguís este blog habéis leído hasta la saciedad mis quejas y lamentos. Sigo corriendo, por supuesto, pero he decidido no quemarme al menos hasta septiembre, cuando empiece la temporada de carreras y haya que darle caña. 
 ENTRENAMIENTO CRUZADO:Un buen talón de Aquiles el mío. Mucho trabajar el tren inferior de mi cuerpo y complementar con bici y paseo, que he seguido haciéndolo con cierta regularidad, pero para el superior he seguido sin hacer nada, hasta ahora, ojo, que ha llegado el calor y me he tirado de cabeza a la piscina, nunca mejor dicho. En el próximo post os contaré mis coqueteos con la natación. Ya adelanto que soy mala de solemnidad, se me da todavía peor que el running. Tengo los brazos llenos de agujetas, por cierto. 
 CARRERAS: Muy contenta. He vuelto a hacer todas las del año anterior e incluso alguna más: una San Silvestre de 7,7 km, tres diez miles y cosas pequeñas de cinco y cuatro kilómetros. En todas he bajado los tiempos. Estoy especialmente satisfecha con los diez mil, he bajado diez minutos desde el año pasado. Incluso he ganado una medalla, fue en una carrera escolar, pero gané, al fin y al cabo.
 ESTADO FÍSICO: Bueeeeeno, relativamente contenta. Calculo que he ganado unos tres kilos de masa muscular en detrimento de la grasa, pero ya advierto que no he adelgazado ni un maldito gramo. Me mantengo en mi peso sin necesidad de hacer sacrificios en la mesa y mis piernas parecen cables de acero, pero lo que es adelgazar, nada de nada. En cuanto a mi frecuencia cardíaca, he bajado unas diez pulsaciones en reposo y mejorado el ritmo de carrera. El año pasado a 160 pulsaciones corría a 7'40"-7'30" el kilómetro, ahora lo hago a 7'10", más o menos, y aguanto una carrera de diez kilómetros a 180 pulsaciones e incluso un poco más. Pero de ahí a poder correr los diez mil a 6', mejor irnos olvidando de momento. También fumo menos. 
 LESIONES: Afortunadamente, ninguna, pero he tenido muchísimas más molestias que el año pasado: pinchazos en la rodilla izquierda que insinúan un menisco tocado, dolores en el tobillo y en la planta del pie, dolor de ciático tras carreras largas. Es el precio que hay que pagar por el alto impacto.
 COLEGUEO: He conocido a mucha gente gracias a la página de facebook, tanto runners que están empezando como corredores casi profesionales. Este año se han añadido runners como Nuria, Carme, Fran, Esther, Antonio, Iván y unos cuantos más, perdonadme pero imposible acordarme de todos los nombres. Compartimos experiencias, consejos y nos damos ánimos unos a otros, que esa es la parte buena de las redes sociales.
RETOS: Pues visto lo visto, casi que ni me atrevo a decir nada. El año pasado me impuse el de llegar a correr los 10 km en una hora y me he quedado corta por siete minutos, así que no digo ná de ná. Me gustaría empezar a nadar como complemento un día a la semana y, desde luego, seguir yendo a carreras populares. Por lo de pronto, este verano me he propuesto tomármelo con calma chicha para no acabar sobreentrenada como el año pasado, y en septiembre empezará la fiesta. ¿Os apuntáis?

Y por último diré que este año no hay regalo de cumpleaños. Estamos en crisis y no me he portado bien. ¡Hala! Hasta el mes que viene, queridos vaguetes. Un besazo y seguid quemando suelas.

domingo, 7 de julio de 2013

RETO RUNNING POR DEREITO: CORRIENDO POR EL AUTISMO

Todas las fotos son propiedad de Fata Morgana

Ya saben ustedes lo mucho que me gustan las carreras solidarias, así que imagínense  la ilusión que me hacía correr en el tercer Reto Running por Dereito. ¡Ah! ¿Que no saben lo que es? Yo paso a explicárselo en un pispás.
La asociación Por Dereito, de la que mi marido y yo somos socios fundadores, ya que tenemos un hijo con TEA, se ocupa de la integración de las personas con autismo. De hecho, nació hace unos siete años como plataforma para la integración de los niños con trastorno de espectro autista en las aulas ordinarias e incluso conseguimos crear una experiencia piloto en un colegio de Vilagarcía de Arousa que terminó cuando se produjo el cambio de gobierno en la Xunta de Galicia. Pero de ese tema prefiero no hablar, éste no es el lugar adecuado y además me pongo de mala leche y no es plan. Les recuerdo que este blog intenta transmitir siempre buenas vibraciones.
El caso es que la asociación organiza desde hace tres años un running que dura 24 horas. Bueno, el que corre 24 horas es el ultrafondista asturiano Demetrio Álvarez Gómez, lleva haciéndolo desinteresadamente desde la primera edición, el año pasado completó la escalofriante distancia de 174 kilómetros. No sé cuántos haría este año, habida cuenta que las condiciones climatológicas fueron extremadamente duras.
En fin, el primer año no corrí porque el reto se había celebrado el 16 de julio, si la memoria no me falla, y como yo me encargo de recordarles cada mes, yo empecé en esto del running el 12 de julio, así que como que no era plan meterse en tal lío corriendo treinta segundos y andando un minuto, ¿no? El año pasado el evento me pilló fuera, y por lo tanto este año tenía muchas ganas de ir. Y eso que el día no acompañó en absoluto. como saben ustedes, estamos en mitad de una horrible ola de calor y eso fue lo que chupé por activa y pasiva ayer. No había necesidad ninguna de correr, el reto consistía en cubrir todo o parte del recorrido de aproximadamente cinco kilómetros del paseo de A Illa de Arousa corriendo, andando, en barca, en bici, con el perro, etc. Pero yo lo quería hacer corriendo y además olvidándome de pulsómetros, gps y demás zarandajas. Mi marido me acompañó esta vez en calidad de fotógrafo, ya que no acaba de recuperarse del todo de ciertas molestias en el pie. Como la historia empezaba a las doce de la mañana y teníamos todo el día, decidí correr a las ocho de la tarde, tras darme un baño en la playa que no me sirvió de demasiado refresco: había 35 grados a esas horas y el aire era irrespirable. Ya saben lo mucho que detesto correr con calor, pero... se lo debía a mi niño. Me cogí una botella de agua y allá fui, arrastrando el culito, dispuesta a correr a trote cochinerísimo durante media hora, ni un minuto más.

Ya empezamos mal, forzando las cervicales. ¡Esa posturaaa!

Arrastrando el culito...
En fin, qué quieren que les diga, una puta torturita china, eso fue. El medio litro de agua fue directo a mojar la camiseta y el pañuelo en vez de resbalar por mi gaznate (me puse el uniforme de gala para la ocasión). A pesar del bonito e incomparable marco de la Ría de Arousa yo sólo me iba fijando en las poquísimas zonas que estaban a la sombra y procurando no tropezar con la gente que daba por finalizada su jornada de playa y subía con los cien mil bártulos a cuestas. Dos veces me crucé con Demetrio, el ultrafondista, que iba fresco como una lechuga como si acabara de nacer allí mismo... y "sólo" llevaba unos 60 kilómetros encima. Nos saludamos con una sonrisa, éramos los únicos corriendo en aquel momento. Yo iba tan hecha polvo que no pude ni alzar la mano para saludarlo. Y eso que mi ritmo era de unos 7'30" porque llevaba los pies como si pisara las brasas del infierno. En aquel momento los del Refugio de Animales de Cambados, que también se apuntaron a la convocatoria, iniciaban su tranquila marcha con los perretes abandonados que recogen y a los que ayudan a conseguir un hogar. Y también había gente que hacía el recorrido andando. Corriendo, sólo Demetrio y yo. Bueno, más bien Demetrio, para que nos vamos a engañar, yo hacía lo que podía.

Eso, tú haz que corres que igual hasta se lo cree alguien

Con el sudor se me despegaba el dorsal de la camiseta
Anda, reina, que ya te vale, ya...
 A la media hora justa regresé al punto de partida con la jeta como un semáforo en rojo y viendo enanos de colores, pero satisfecha por mi humilde aportación, ojalá hubiera corrido un poco más, pero, de verdad, es que no podía con el culo, hacía demasiado calor. Me dio por pensar en cómo sería el asunto si eso fuera una carrera popular de diez kilómetros y casi caigo redonda de la impresión.

Bueno, pues sólo me queda dar las gracias desde aquí a la asociación Por Dereito por la iniciativa y la organización, a Demetrio por su encomiable y desinteresado apoyo y a los patrocinadores, especialmente a Chema Sport, que es la tienda donde suelo comprar mis zapatillas de running, por cierto. Les diré que por los cinco euros de la inscripción nos dieron camiseta y bebida en abundancia, así que anímense y vengan al reto del próximo año, yo pienso apuntarme sin pensarlo, entre otras cosas porque... es imposible que nos toque un día con más calor ¿no?

Y si tenéis interés en contactar con nuestra asociación, aquí os dejo el enlace a su página de Facebook:






miércoles, 12 de junio de 2013

23 MESES CORRIENDO. ¿SALIENDO DEL AGUJERO?

www.buscaditos.blogspot.com
Bueno, aquí tenemos a Samarita, la niña más chunga del cine, abandonando el lugar del que nunca debió salir, el pozo. Igual que yo, sólo que menda lerenda va más limpia y muchisísimo mejor peinada, dónde vamos a parar.

Me estoy portando bien este horroroso mes de junio, cosa que achaco a tres motivos: el primero que estuve bastante fastidiada el mes pasado con la maldita infección, y cuando salgo de una de éstas es como si volviera a nacer. A pesar de que los antibióticos me dejaron flojota, tenía ganas de correr. Estuve quince días en el dique seco por culpa de los estreptococos, sólo rompiendo mi retiro para correr la carrera del cáncer. Y me apetecía volver, buena señal. Pero no de cualquier manera. Ahora paso a explicarlo.

El segundo motivo es que, aunque el tiempo sigue siendo francamente asqueroso e indigno de un mes de junio que se precie, ya no hace frío. Por lo menos ese frío que hace que la pereza se te pegue al cuerpo como una maldita garrapata. Amanece temprano y eso me da ganas de empezar el día con energía, así que he vuelto a mi antigua costumbre de entrenar a primera hora de la mañana. Anteayer me tocó hacerlo bajo un calabobos (qué buen nombre) persistente, pero aún así, no me amilané.

El tercero, y paradójico, es que he terminado mi temporada de carreras, y eso ha supuesto para mí un gran relax porque ya no tengo la "presión del entrenamiento". Se acabó contar los días que faltan para la carrera y cuántas salidas tengo que hacer por huevos kinder hasta entonces. Corro por gusto y a la velocidad que me da la gana, sin sentir en la nuca el fétido aliento de nadie ni al cabrón de Pepito Grillo susurrándome en la oreja aquello de "citius, fortius, altius" mientras me deshace el hombro izquierdo con sus jodidos saltitos.

Bien, comencé a entrenar de nuevo el lunes pasado, aún encontrándome algo flojilla. Para animarme, me ando embaulando un complejo vitamínico a días alternos, a ver si recupero el tono. Y como una ya va siendo perro viejo (y cojo) y sabe que no se puede volver por las bravas, intentando pisar la alfombra roja y ser pasto de los flashes porque luego el cuerpo lo paga, he regresado a mi querido amigo Galloway con los brazos abiertos. Ya saben: medio kilómetro andando, medio corriendo y espero continuar así hasta julio. Y en lo que va de mes, pues ya me he cascado cerca de treinta kilómetros. El Galloway tiene otra gran ventaja: permite correr días seguidos en lugar de alternos, así que la semana pasada salí lunes, martes, jueves y viernes puesto que mi disponibilidad horaria me lo permitía. Esta semana no tendré tanta suerte y sólo podré hacer tres sesiones. Y he corrido contenta, las endorfinas vuelven a circular por mi organismo libremente. Y pasando del cronómetro como de la mierda, oiga. Nadie me está esperando al llegar. Y eso que a estas alturas de la película llevo en el body cien kilómetros menos que el año pasado por estas fechas. ¡Cien! Una de dos, o hace doce meses estaba muy envenenada o en los últimos once he sido una vaga de mierda. Probablemente ambas cosas.

Me quedan treinta días para cumplir mi segundo aniversario como runner y hacer aquello tan católico de examen de conciencia, dolor de corazón y propósito de enmienda. Hasta entonces, intentaré seguir corriendo a ver si llego a alguna parte. Hasta luego, vaguetes.

domingo, 26 de mayo de 2013

CARRERA CONTRA EL CÁNCER: MEDIO RETO SUPERADO!!!!

Bien escoltada antes de la salida
Esto de las carreras pequeñas tiene más peligro que una serpiente de coral dentro de los calzoncillos (o de las bragas, por aquello de no discriminar). Lo digo porque como te crees que tienes menos riesgo de palmarla por aquello de que es menor la distancia, pues decides probarte a ver cuánto aguantas y no llevar estrategia ni pollas. Y eso es lo que me pasó a mí hoy, y a mi marido, que corrió a un ritmo endiablado de 3'41".
Parece que últimamente mi tónica general es correr convaleciente de un trancazo monumental. Ya me pasó en la San Silvestre, que me levanté de la cama para correr. Esta vez no me levanté porque en ningún momento me había metido en ella. No por decisión mía, fue mi nómina la que no estuvo de acuerdo en absoluto en coger la baja para pasar encamada un brutal resfriado que acabó, cómo no, con antibióticos. Y a pesar de que el médico me aconsejaba no correr hoy, y que no había entrenado nada en los últimos quince días, fui. La carrera del cáncer es imperdonable para mí, por mi padre, por mi hermano, por todos los conocidos, desconocidos y anónimos que sufren esta mierda de enfermedad. Y lo mismo que yo debieron de pensar las 915 almas que participaron en la prueba absoluta. Al fin y al cabo, son sólo 5000 metros. Pero a mí, como digo, convaleciente, me parecieron 50.000.

La familia que corre unida, permanece unida
Nos tocó un día nublado y frío, a diferencia del año pasado, que fue radiante. Y la verdad es que la ciudad se volcó con el evento, estaba todo el mundo: Gaby, Fede (gracias por cogernos el dorsal, chavalote), Patricia, Bruno, Jorge, Miguel, Paloma, Antonio... Por cierto, el año pasado fueron Paloma y Antonio los que marcaron mi ritmo y gracias a eso me di cuenta de que podía correr más rápido de lo que yo pensaba sin despedirme de este mundo cruel, y lo había hecho a un ritmo de 6'20". A partir de ahí empecé a rebajar las marcas de todas mis carreras. Hoy no llevaba liebres, pero quería cubrir la mitad de mi reto, que les recuerdo que es correr 10 km en 60 minutos, es decir, ir a ritmo de 6'. Y para eso, primero hay que lograr correr los 5 km a ese ritmo. Bueno, pegaron el tiro y empecé muy bien, acabé el primer kilómetro a 5'15", ya sabiendo que me iba a resultar imposible seguir así. La primera vuelta me resultó una completa torturita china, me pesaban las piernas a plomo... ¡y los brazos! En diez kilómetros es normal que dos o tres veces tenga que bajarlos para relajar los músculos, pero en cinco no me había pasado nunca. Lo achaqué a la falta de entrenamiento y a lo hecha mierda que había estado los últimos quince días. Y me acordé del maldito médico: no debería haber corrido, pero ya estaba allí. La prueba constaba de dos vueltas al circuito y ya saben lo que pienso sobre eso: dejà-vu chungo. Más chungo todavía fue ver a gente andando ya en la primera vuelta. Mientras yo subía al Millenium me crucé con mi marido, que bajaba pateando como un gamo. Hasta entonces, todo controlado: 170 pulsaciones y yo más jodida que un ciclista subiendo el Tourmalet, sin coger bien el ritmo ni conseguir concentrarme en la música que iba escuchando. Llevaba el gps activado para medir el recorrido, y a los 1500 metros sólo me apetecía marcharme a casa y darme un baño caliente... o una ducha fría, no lo tenía muy claro.

Empezando la segunda vuelta, creo...

La cosa mejoró y empeoró en la segunda vuelta, ya no hubo dios que me hiciera bajar de las 188 pulsaciones (nunca había corrido a más de 180, o por lo menos tanto tiempo). En el 3,5 me llegó el momento revelación, ya saben, me dan igual ocho que ochenta. Había muchísima gente animando y bajé hacia la meta frenándome para no elevar más el ritmo cardíaco. Aunque iba agobiada, mis pulmones se comportaron, y es que en esta última semana apenas había fumado, y se nota, vaya si se nota. Iba haciendo sumas, restas, multiplicaciones, divisiones... en fin, sencillas operaciones de cálculo elemental a ver si conseguía terminar en 30 minutos o menos, bajar de los 32 minutos del año anterior, en suma, y de repente me asaltó un pensamiento espantoso, que fue el siguiente: Morgana ¿te imaginas hacer EL DOBLE de kilómetros a este ritmo? ¡Imposible! Creo que no lograré mi reto 10/60 en la vida. Afortunadamente, mi chico me esperaba a doscientos metros de la meta para tirar de mí y entrar juntos. Bueno, en su caso, reentrar, había terminado en 18 minutos, bendito él. Crucé el arco en 29'37" a 195 ppm. Había conseguido acabar en menos de media hora por los pelos y subir mi umbral aeróbico en unas 10 pulsaciones más. Y mi gps cantaba que no eran 5000 metros, sino 4830, pero ¿qué más da? Según la organización corrí a 5'54", según mi maldito cacharro, a 6'07". En cualquier caso, prueba conseguida.

En fin, bien está lo que bien acaba. Entré de 768 sobre los 915 y de 231 entre las 450 féminas. Ojalá el año que viene no me toque ir resfriada otra vez, porque juro que volveré. Mi chico quedó de 62, como el campeón que es.

Ahí entra el 62
Y con esto acaba una temporada de carreras de la que me siento satisfecha, puesto que he bajado mis tiempos en todas ellas con respecto al año pasado. Estoy especialmente contenta con las diez mil, he rebajado diez minutos los tiempos del 2012. Hasta que empiece la nueva temporada, el 6 de Octubre con La Coruña 10, me apuntaré a cositas pequeñas que me resulten apetecibles y seguiré entrenando lo que pueda, porque si de algo no estoy orgullosa esta temporada, es de mis entrenamientos.

PD. Gracias, Pablo, por las excelentes fotos.

lunes, 13 de mayo de 2013

VEINTIDÓS MESES CORRIENDO: GANO UNA MEDALLA

 Ustedes imagínense la escena:
-¡Mamá, mamá, mamá, he ganado una medalla de atletismo en el cole!
-¿No me digas, hija? ¡Qué bien!
El asunto tendría un pase si la ganadora en cuestión no tuviera cuarenta y siete añazos ¿verdad? Pero el caso es que así llegué yo el viernes por la tarde a casa de mi madre, que se partía de risa viéndome tan entusiasmada. Nunca ha entendido del todo nuestra afición al running.
En fin, que este último mes he continuado con mi filosofía del NPN, lo que se traduce en la práctica en semanas siguiendo puntualmente el plan de entrenamiento y semanas pasando de todo si llovía, que llovió. En una de mis salidas pude hacer realidad mi sueño de correr en Ourense por la ribera del Miño, lástima que el calor fuera francamente insoportable. Tuve que pasar una semana en el dique seco por lo maltrecha que quedé de los diez kilómetros de La Coruña 42, así que no entrené demasiado, todo sea dicho.
Con mi compañero Fernando, antes de empezar

El maratón do Salnés es una carrera escolar (3,73 km) que se viene celebrando en Portonovo todos los años. Ésta era la vigésima edición y yo ya la había corrido el año pasado con los alumnos de mi cole de 3º y 4º de la ESO. Este año fuimos con los de 1º y 2º. Acuden colegios de toda la comarca y está muy concurrido. La parte mala es que el trazado es bastante horroroso, con un par de cuestas de éstas que empiezan tendidas y al final tienen un repecho que te cagas. Y no lo compensas con la cuesta abajo, no... al contrario, tienes que ir frenando la inercia porque las piernas no dan para más.
El año pasado me encontré con la desagradable sorpresa del trazado unida al calor insoportable, pero este año ya sabía a lo que me enfrentaba, la experiencia es un grado. Y un vientecillo del nordeste anunciaba que la cosa iba a ser menos sacrificada que el año anterior. Además, esta vez corrí sola, en la anterior edición iba marcándole el ritmo a una alumna. Y es de esas carreras odiosas que das dos vueltas al mismo circuito, lo que yo llamo el "Síndrome del dejà-vu chungo", así que te comes cuatro cuestas sí o sí, dos de ellas al lado de la meta para entrar en la ídem arrastrándote como una puta serpiente, sin la menor elegancia y con nula dignidad. Véase si no cómo pasé la primera vuelta, que parezco Lina Morgan:


Bien, mi intención era la misma que en todas las carreras que he corrido este año: hacer menos tiempo que el año anterior. Ésta la había terminado en 27'30'' hace doce meses y conseguí rebajar tres minutos y acabar en 24'15". No estoy satisfecha con el resultado, en las demás carreras, siendo más distancia, he conseguido bajar entre cuarenta y cinco segundos y un minuto, pero ya digo que las cuestas malditas son muy poco agradecidas y sólo conseguí acortar treinta segundos por kilómetro. En fin, menos da una piedra. El recorrido transcurrió como de costumbre: rodeada de chavales que salieron como toros en los sanfermines y pincharon al empezar la primera cuestita, para rehacerse milagrosamente a los trescientos metros de la meta. Yo corrí todo el tiempo, sin quemarme demasiado, la verdad es que a lo mejor podría haber sufrido un poco más, pero no tenía ganas. Al final crucé la meta con bastante presencia de ánimo, teniendo en cuenta que iba con un pulmón en cada mano:


llegada a meta
 Y cuando las chicas del control de meta me pusieron la medalla al cuello, no me lo podía creer. "¿Pero es para mí?" repetía sin cesar. Es la primera vez en mi vida que gano algo en una competición deportiva, no os podéis imaginar la ilusión que me hizo, aunque fuera en una carrera tan cortita, estaba como si hubiera acabado la maratón. ¡Mi primera y probablemente última medalla! Se la dediqué a Marta, la alumna con la que había corrido el año pasado. Cuando salieron las clasificaciones vi que había quedado de cuarta en mi categoría... por los pelos me quedé sin trofeo y sin podio. Casi mejor, no creo que mi maltrecho corazón hubiese soportado tanta emoción. A lo mejor el año que viene...



mi medalla, mi tesoro...
Lo mejor, las felicitaciones y los aplausos de los alumnos que habíamos llevado. Muchos de ellos llevaron medalla también, y algún que otro trofeo.
En fin, que sólo me queda una carrera para terminar la temporada: será la del Cáncer en La Coruña el 26 de mayo y espero poder ir y hacer mejor tiempo que el año pasado. ¡Y qué poco me queda para mi runneraniversario, sólo un par de meses! Tengo que ir pensando en cómo lo celebro. ¿Alguna sugerencia?






martes, 23 de abril de 2013

CÓMO ACABÉ MI CUARTA DIEZ MIL: DEDICADO A ESTHER Y MIGUEL

Ustedes probablemente se estarán preguntando quiénes son Esther y Miguel y qué demonios habrán hecho para tener el "honor" de que esta patosa corredora les dedique no sólo la entrada del blog, sino la carrera del domingo. Ambos son runners y seguidores de la página de "A trote cochinero" en Facebook. Esther corría también el domingo y me mandó un post en el que decía que si acababa me dedicaría la carrera. Le contesté que si yo terminaba, aparte de dedicarle la carrera también le dedicaría esta entrada, así que ahí va, campeona. Lo que tú no sabías ni yo tampoco es que la dedicatoria iba a ser compartida.
Miguel, alias "Cabañés", es tan gallego como yo y como el pulpo con cachelos, y además tiene un blog donde cuenta sus experiencias con las zapas, entre otras cosas: http://muchocaminoporandar.blogspot.com.es/. Lo de gallego viene a cuento porque siendo ambos runners (el más que yo) era cuestión de tiempo que acabáramos conociéndonos en persona, cosa que sucedió el domingo y de la que me alegro enormemente, porque si no llega a ser por él, a lo mejor no habría corrido esta carrera.
Vayamos por partes, como Jack el Destripador, y no adelantemos acontecimientos. Al igual que el año pasado, mi marido corría la maratón y yo los diez kilómetros. Al igual que el año pasado, pasamos el día anterior comidos por los nervios. Al igual que el año pasado, el despertador sonó puntualmente a las siete y media. Y a diferencia del año pasado, no se escuchaba ningún "uuuuh" por el patio. El día había amanecido radiante, perfecto. Quizá no tan perfecto para los que afrontaban los cuarenta y dos kilómetros, ahora que lo pienso...
Salimos de casa vestidos de verde esperanza para encontrarnos, al igual que el año anterior, con la recua de juerguistas que aún no se había acostado y que nos deseó suerte con excesivo fervor. Ya por el camino nos dimos cuenta de que había más ambiente que en la primera edición, es lo que hacen unos míseros rayos de astro rey, fíjense. Llegamos a la salida y aquello ya bullía a las ocho y cuarto de la mañana. Mi chico se fue a calentar y a concentrarse y yo a dar una vuelta a ver a quién me encontraba. Y me encontré a  mi amigo Jorge y a Miguel, que está lesionado y tuvo el buen humor de venir a animar desde Ferrol una carrera que yo sabía que lamentaba en el alma no poder correr. En cuanto me vieron con la camiseta térmica se echaron las manos a la cabeza, insistiendo en que me la tenía que quitar, que me iba a cocer con ella. Teniendo en cuenta que no llevo los refajos de mi abuela para correr porque deben de estar apolillados y que Jorge va de manga corta sí o sí y que Miguel suele llevar su inseparable camiseta de manga sisa de enero a diciembre, no tuve muy en cuenta su sugerencia. Me dirigí a casa de mi suegra a dejar la bolsa, como siempre, y a mitad de camino no sé cómo me miro los pies y se me cae el mundo encima, por no decir todo el sistema solar. Me había olvidado de ponerme el chip de control, que a esas horas debía de estar durmiendo el sueño de los justos en el sofá de casa.
Nadie en su sano juicio podría imaginarse el cabreo que me agarré. No por el hecho de correr sin chip, que ni se me pasó por la cabeza. Fue el hecho de haberme olvidado de ponerlo lo que me indignó hasta convertirme casi en el increíble Hulk (total, ya iba de verde). Porque a mí esas cosas no me pasan, yo soy como Franco, lo dejo todo atado y bien atado, y el día anterior a una carrera preparo las cosas con mimo y por orden, colocando todo en una percha. Soy una obsesa del control. Total, que mi mierda de filosofía del NPN se fue al carajo en milésimas de segundo (ésas que el chip no iba a contabilizar), empecé a ver rojo y decidí que no corría, que me iba a casa. Y en ese momento me encontré a Miguel, que se volvió a echar las manos a la cabeza cuando le conté lo ocurrido y mi decisión, y me dijo que no fuera tonta y que corriera igual, que ojalá pudiera correr él, con o sin chip, pero yo me mantuve en mis cabreados trece. Ese es uno de los motivos por los que corro: para controlar mi mal genio. Me alejé furiosa, buscando una pared donde darme de cabezazos hasta que se me saliera la poquísima masa encefálica que tengo, pero no había ninguna disponible, todo el mundo las estaba usando para calentar. Entonces reflexioné y, por un momento, vi la luz. Pensé en Miguel, que había venido a animar una carrera que estaba deseando correr, y entendí que tenía toda la razón. Pensé en Esther, que probablemente también pensaría en mí mientras intentaba terminar su reto. Volé a casa de mi suegra, me quité la dichosa camiseta térmica y me fui a calentar cagando leches porque ya quedaba muy poco para dar la salida. Para acabar de animarme, en el cajón estaban Paloma y Antonio. Me alegré un montón de verlos.
Tanto en la salida de la maratón como en la de diez kilómetros se guardó un respetuoso minuto de silencio en memoria de los damnificados por el atentado de la maratón de Boston. De hecho, la mayoría de nosotros llevábamos el lazo negro facilitado por la organización. Sonó el pistoletazo de salida y empecé a patear siguiendo la táctica que he adoptado últimamente: coger la ventaja en los primeros kilómetros.
Foto propiedad de Riazor Atletismo

Me encanta correr en La Coruña, las carreras allí se me pasan rapidísimo a pesar del dolor y el esfuerzo, aunque sólo sea por la maravillosa vista que ofrece el paseo marítimo. Y con el día que hizo el domingo, ni les cuento. Había mucha gente animando y fue estupendo ir todo el tiempo rodeada de corredores, porque, a diferencia del año pasado, nunca fui sola. Cuando me quise acordar ya estaba llegando al kilómetro cinco y recogiendo la botella de agua que, por no variar, me tiré por encima. Menos mal que acabé haciéndoles caso a estos dos y sacándome la camiseta térmica. Qué pena no haber llevado las mallas cortas. Entre el cinco y el seis me pasaron los primeros de la maratón (el año pasado me pasaron en el primer kilómetro). Para entonces ya me había invadido la euforia y había conseguido disociar mi cuerpo en partes para intentar olvidarme de que tenía piernas. Y poco después, sentí el primer pinchazo en el hombro derecho. Agudo y desagradable. Relajé un poco los brazos a ver si se me pasaba, pero pronto otra preocupación comenzó a invadirme: un dolor agudo en la parte de atrás de la rodilla, en la corva. No lo suficientemente molesto como para hacerme parar, pero sí como para romperme la cabeza. Me acompañó hasta la entrada en meta. Empecé a devanarme los sesos pensando en qué habría hecho mal, hasta que me vino un flashback: me visualicé a mí misma subiendo la pierna izquierda a una valla demasiado alta con la fuerza de quien descarga cajas en el muelle.
Evidentemente, a partir de la mitad del recorrido la mayoría de los que había pasado en la salida comenzaron a rebasarme sin compasión. Para entonces ya iba yo concentrada en los que me cruzaba de la maratón, que estaban dando la segunda vuelta, a ver si veía a mi costillo, pero ni rastro... Creo que uno de los motivos por los que corro los diez es para no quedarme en casa mordiéndome las uñas mientras él hace la maratón. Así, por lo menos, sólo me las muerdo la última hora, cuando ya me he duchado y mi cerebro empieza a funcionar con normalidad.
Foto: Voz de Galicia
A todo esto, la (cojonuda) organización había contratado a varios grupos de rock para amenizar el trayecto, de los que no me enteré porque llevaba mi propia música para inhibirme un poco, ya sabéis que detesto tanto el ruido de mis pies como el de mi respiración, me pone nerviosa. Enfilé el kilómetro ocho para correr ya por el centro y el público se había cuadruplicado. Como siempre, me rechifló que la policía parara el tráfico para dejarme pasar.
El último kilómetro fue un infierno. Apretaba el calor, la pierna me dolía bastante y los pulmones ya empezaban a amenazar con estallar. Muy oportunamente, los de la banda de rock tocaban con denuedo "Mi pobre corazón", de Fito y Fitipaldis. Me pregunté con la última neurona que me quedaba si estarían de cachondeo. A unos quinientos metros de la meta me encontré a Miguel encaramado a lo que creo que era la entrada del parking y nos chocamos la mano. Una corredora a la que había pasado en el primer kilómetro aprovechó para cobrársela y adelantarme cuando ya no quedaba nada, pero yo ya no podía más. Lo único que me preocupaba era llegar en menos de una hora y ocho, que había sido mi último tiempo.
A falta de tiempo oficial (el neto suele ser menos), crucé la meta en una hora, siete minutos y diecisiete segundos. Estoy contenta, he vuelto a bajar mi tiempo y la acabé en diez minutos menos que el año pasado. Me queda una diez mil este año, en octubre, y tengo clarísimo que no llegaré a bajar los siete minutos que quedan hasta la hora. Tendré que sudar y sufrir cada segundo.
Subir hasta casa de mi suegra a desayunar fue relativamente fácil. Adoro esos desayunos, aunque no puedo comer mucho, el esfuerzo está reciente y no me entran grandes cantidades de comida. El problema fue bajar. Tras un parón de veinticinco minutos me había olvidado de la pierna por completo, pero la hija puta se encargó de manifestarse cuando empecé a bajar las escaleras, pegué un chillido que se debió de escuchar en la Torre de Hércules. Tuve que bajar abrazada literalmente al pasamanos. Crucé la plaza cojeando, vi llegar a meta a Pedro Nimo y me encaminé a mi casa a uno por hora fijándome en todos y cada uno de los corredores de la maratón, esperando ver a mi chico y comprobar que seguía vivo. No tuve suerte. Apareció a las doce y pico con la medalla colgada del cuello, cojo de las dos piernas y una sonrisa gigantesca: había terminado en tres horas dieciséis, un cuarto de hora menos que el año pasado.
Pues así terminé mi cuarta diez mil, mi décima carrera: sin chip y con una pata coja, pero contenta por haberla terminado en menos tiempo. Ayer puse un mail a Championchipnorte preguntando cómo les reenviaba lo que era suyo y hoy lo mandé por correo. Aún cojeo un poco. Tengo un buen puñado de agujetas y he sacado algo en limpio de todo esto: jamás en mi vida me volveré a dejar el chip en casa. Al paso que voy, lo más probable es que me deje la cabeza...


lunes, 15 de abril de 2013

VEINTIÚN MESES CORRIENDO: Y EL VENENO SALIÓ DE MI CUERPO

retomaraton.wordpress.com
Hola, queridos vaguetes. No, no me ha picado una víbora, ni un escorpión, ni una viuda negra. No, no tomo anabolizantes. No, no he fabricado más ácido láctico del habitual por exceso de entrenamiento. No, no he tomado cicuta/cianuro/estricnina o similar en un acceso de desesperación, asqueada de mi bajo rendimiento. Simplemente, el veneno de correr ha salido de mi organismo. Y tengo mi cuarta diez mil dentro de seis días.
¿Quiere esto decir que lo dejo? En absoluto. He llegado al final de un proceso de desintoxicación que se inició hace meses y contra el que he estado luchando contra viento y marea. Sencillamente, me he cansado de luchar. Tiro la toalla. Y estoy contenta con la decisión.
Cuando empecé en esto del trote hace ya veintiún meses, a las ocho o diez semanas me di cuenta de que estaba siendo víctima de un enganche peligroso, sensación que se centuplicó tras correr mi primera carrera popular. Me obligaba a salir a entrenar sí o sí, en cualquier situación climatológica, aunque cayeran chuzos, estuviera cansada o tuviera otra cosa que hacer. Esto fue "in crescendo" hasta que me topé, hace unos ocho meses, con una situación de sobreentrenamiento de la que creo que aún no me he recuperado del todo. Tras ese punto álgido, comenzó la lucha. Me di cuenta de que estaba metida en un combate entre lo que quería mi cerebro (seguir entrenando a dolor) y lo que me decía mi cuerpo (bajar el ritmo o incluso dejarlo). Entré entonces en una espiral de remordimientos de conciencia continuos y aún así manteniendo más o menos un ritmo uniforme de entrenamientos: tres días a la semana, etc. Lo malo de las espirales es que resulta complicado salir de ellas, así que aproveché la puerta abierta de las vacaciones de semana santa para tomarme un descanso. Como me iba a ir de viaje y no iba a poder entrenar, decidí descansar, recapacitar e intentar volver a los orígenes: correr como actividad sana que me mantiene en forma. Y ha sido como quitarme un peso de encima, lo juro. He decidido adoptar la filosofía del NPN: no pasa nada. ¿Que hoy no me apetece ir? no pasa nada. ¿Que hoy fui e hice un tiempo más penoso que de costumbre? No pasa nada. ¿Que hice menos distancia de la prevista? No pasa nada. Ya está bien de culpabilidad judeo-cristiana.
Resumiendo: que he decidido dejar de prepararme para las carreras populares, que no dejar de correr ni de ir a las carreras populares. Lo que tenga que sonar, sonará. Quizá si no hubiera bajado los tiempos en las tres últimas entrenando muy poco no habría tomado la decisión. ¿Será para siempre? No pasa nada. ¿Volverá mi obsesión? No pasa nada.
A todo esto, el domingo corro mi carrera favorita: los diez kilómetros de La Coruña paralelos a la maratón. Parece ser que el tiempo será más misericordioso con nosotros que el año pasado, lo cual tampoco es muy difícil. Lo siento por mi marido y me alegro por mí. No he perdido la ilusión por ir, pero no he entrenado mucho. Firmo por el tiempo de mi última diez mil sin mirar: 1:08. Lo máximo que he corrido estos días han sido seis kilómetros y arrastrando un poco el culito, pero... NPN. Y la semana que viene estaré por aquí contando la crónica, por supuesto, porque termine o no... ¡NO PASA NADA!